Barcas en la playa de Portdoguer, en Cadaqués

Fuente imagen: Miguel Angel Alvarez

Situada en la confluencia de cuatro ríos, Girona es una de las ciudades con más personalidad de Cataluña. El paisaje urbano está dominado por la catedral y la iglesia de Sant Feliu. La primera es un edificio románico, gótico y barroco, cuyo rasgo distintivo es la nave gótica más ancha de Europa, con sus 22,98 metros. Su museo capitular guarda el Tapiz de la Creación, datado entre los siglos XI y XII. La población conserva parte de sus murallas y destaca por su barrio judío “El Call”, la Pía Almoina, los Baños Árabes y el monasterio de Sant Pere de Galligants, hoy sede del Museo Arqueológico. Hay que añadir el parque de La Devesa, con una considerable extensión de plátanos mandados plantar por Napoleón y una de las imágenes más singulares y coloristas de Cataluña: las casas reflejadas sobre el río Onyar. www.girona.cat/turisme.

El mejor restaurante del mundo

La prestigiosa revista Restaurant ha situado el restaurante El Celler de Can Roca, como el mejor restaurante del mundo, encabezando la lista de los 50 mejores templos gastronómicos del planeta en una lista votada por más de 800 expertos que han valorado la cocina de vanguardia pero a la vez la sencillez, la búsqueda de emociones, la hospitalidad y el respeto a los orígenes de los tres hermanos Roca: Joan, Josep y Jordi, que se ocupan de la cocina, la bodega y la repostería respectivamente.  Una muestra avanzada de la alta calidad de la gastronomía de Girona.

Banyoles

La localidad de Banyoles, situada junto al lago del mismo nombre, tiene su origen en el antiguo monasterio benedictino de Sant Esteve, gótico y neoclásico. El lago es el segundo más grande de la península ibérica, con sus 2 kilómetros de largo, 235 metros de ancho y 40 de profundidad máxima, y resulta idóneo para la práctica del piragüismo y del remo. www.banyoles.cat/turisme.

Besalú

Mirador con el puente medieval de Besalú

Fuente imagen: Cablepress

La villa de Besalú fue capital de un condado independiente entre los años 894 y 1111. La actual población ha mantenido intacto su aire medieval repleto de calles estrechas, plazas y edificios antiguos que conforman un rico patrimonio arquitectónico. A través del puente fortificado del siglo XI sobre el río Fluvià, se accedía a la antigua localidad donde aún son visibles restos de las murallas y los baños judíos de purificación “Miqwé” situados en el barrio hebreo o Call. En la plaza de Sant Pere destaca la casa Cornellà, edificio civil románico con galería de tres caras formada por arcos de medio punto. Cabe también destacar la Curia Reial, la Casa de la Vila y la Casa dels Arcs, esta última en la típica calle medieval de Tallaferro. Destacan así mismo las iglesias de Sant Pere, Santa María y Sant Vicenç. www.besalu.cat/turisme.

 

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