¡Qué sería de la circulación sin los semáforos! Hoy les contamos los orígenes de este sencillo aparato que revolucionaría el tráfico de las ciudades al dotarlas de una seguridad vial nunca antes vista. Hasta mediados del siglo primer semáforoXIX el problema de la densidad de carruajes en las vías europeas era prácticamente nulo. Con una serie de reglas sencillas, basadas en la educación, las buenas formas y el sentido común, era suficiente. Pero año tras año, la afluencia de vehículos, especialmente en las grandes ciudades, hizo que no bastase con ceder el paso. Muy a menudo se formaban caóticos atascos que bloqueaban plazas y calles adyacentes. Esto dificultaba a los peatones cruzar de un lado al otro de la vía. Uno de los lugares donde los colapsos se producían diariamente era en Londres, delante de las Cámaras del Parlamento Británico, en el Palacio de Westminster.

Para poner fin a tales problemas de tráfico, el ingeniero ferroviario J. P. Knight diseñó el primer semáforo de la historia en 1868. Básicamente, era una copia de los semáforos que ya existían en las vías del tren: dos brazos móviles accionados por cables. Cuando el brazo estaba bajado, se podía pasar. Si se levantaba horizontalmente, había que detenerse y si formaba 45 grados con la horizontal significaba precaución, como el ámbar de la actualidad. El comisionado de Policía de Londres publicó instrucciones muy precisas para obedecer dichas señales. El problema estaba en que no era automático, y necesitaba a un policía en la base de la torre las 24 horas del día operando los brazos con una manivela.

Knight también tuvo en cuenta la vida nocturna de Londres e incorporó luces de gas, roja y verde, colores que ya se usaban para los semáforos del ferrocarril. Este primer semáforo, sito entre George Street y Bridge Street y que se estrenó en la mañana del 10 de diciembre de 1868, no acabó nada bien. En menos de dos meses explotó. En la mente de todos ya estaba la idea de construir otro aparato que no fuese de gas, sino mucho más moderno. Este llegó de la mano de la electricidad en 1914, esta vez en Cleveland (Estados Unidos) y gracias a su creador: James Hoge.

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El primer semáforo de la historia, al estilo ferrocarril, 5.0 out of 5 based on 3 ratings

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