El incienso en semana santa.

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Asociamos el incienso con culturas orientales, como la china o la japonesa, y con rituales de meditación. Sin embargo, el incienso está muy arraigado en nuestra cultura y en nuestra tradición. Buena muestra de ella es la semana santa.

Los pasos de semana santa van precedidos por una nube de incienso, que sube desde la base de las imágenes y se abre paso hacia el cielo, como un símbolo de la ascensión del espíritu.

Las calles por las que transcurren las procesiones, que se celebran por todos los rincones de nuestro país, huelen a incienso. Huelen a Semana Santa. Como veremos más adelante, el incienso contiene pétalos de rosa y esencia de flores. La calle huele a primavera.

Los hebreos introdujeron el incienso en la pascua judía. Muchos siglos antes del nacimiento de Cristo. Las sinagogas, que en su mayoría eran recintos recogidos, se llenaban de fieles. Los rabinos quemaban incienso para poder efectuar las ofrendas a Dios en un ambiente agradable, que camuflara el olor de la multitud.

El cristianismo incorporó este elemento. De hecho, el incienso es uno de los protagonistas de la semana santa. Las procesiones congregan a gran parte de la población. Transcurren durante largas horas, con algunos penitentes caminando descalzos o haciendo algún tipo de promesa (portar cadenas, cruces pesadas, flagelos, etc.) que afectan a su cuerpo. Las procesiones nocturnas se acompañan de cirios y velas. Las diurnas, como las de Viernes Santo, transcurren bajo un sol abrasador. El incienso camufla todo ese olor a velas, sangre y muchedumbre, y lo transforma en un aroma embriagador.

El catolicismo es una religión escénica, en sentido bueno. Entra por los sentidos. Es una de las razones por las que se ha extendido por medio mundo y se ha instalado en el subconsciente colectivo. Lo podemos ver en la semana santa, que da lugar a manifestaciones religiosas y culturales de gran belleza.

Junto al colorido de las túnicas de los nazarenos, las imágenes de escenas bíblicas engalanadas con flores y bordados, portadas a hombros por los costaleros, el sonido de los tambores; junto ellos, el incienso proporciona un acabado mágico a la escenografía, con nubes de humo perfumado que dejan una estela allá por donde pasa.

Es tan popular la semana santa en nuestro país, que algunos hogares encienden barritas de incienso con el aroma de sus cofradías favoritas, para que su casa huela a semana santa durante esos días.

El incienso en nuestra cultura.

Con independencia de nuestra religiosidad individual, España tiene una cultura judeocristiana. Gran parte de nuestras fiestas y tradiciones tienen origen religioso. Ese origen cultural también se aprecia en nuestra forma de entender el mundo. Influye en nuestra solidaridad con los débiles y desprotegidos, y en nuestro carácter integrador. Al mismo tiempo que España conquistaba América durante los siglos XVI y XVII, el religioso Fray Bartolomé de las casas defendía los derechos de los indígenas, aduciendo que eran hijos de Dios, igual que nosotros.

El incienso está integrado en nuestra cultura por medio de la actuación de la iglesia. En todas las misas, antes de realizar la eucaristía, el sacerdote enciende un pequeño incensario en el altar.

Dice el periódico El Colombiano que el incienso está repleto de simbología. En los oficios religiosos es una expresión visual de cómo nuestras plegarias ascienden al cielo para que las escuchen Dios y los santos.

Son varias las escenas bíblicas en las que aparece este elemento. Los reyes magos regalan al niño Jesús, recién nacido, tres cofres con oro, incienso y mirra. Poco antes, según relata el evangelio según San Lucas, un ángel se le aparece a Zacarías, el marido de Isabel, la hermana mayor de la virgen, para anunciarle que nacerá su hijo, tras haber encendido incienso.

Isabel y Zacarías ya eran mayores y no habían tenido descendencia. Zacarías, como de costumbre, entró en el templo y prendió una vasija llena de incienso, mientras el resto del pueblo se encontraba afuera en oración. Tras encender el incensario se le apareció el Ángel de la Anunciación, a la derecha del altar. Zacarías se quedó perplejo. El ángel le miró a la cara y le dijo: “Zacarías, no temas. Tus súplicas han sido escuchadas. Isabel, tu esposa, pronto te dará un hijo, al que llamarás Juan.”

San Juan Bautista, el primo de Jesús, cumplirá un papel fundamental en los orígenes del cristianismo. Bautizará a Cristo en las aguas del río Jordán y a los primeros cristianos.

El incienso en semana santa.

Resalta la página web de la Cadena Cope que el incienso tiene un protagonismo especial en los oficios del Jueves Santo. Tras la quema de incienso se inicia la procesión que marca el fin de semana principal de la semana santa. El que representa la pasión, muerte y resurrección de Cristo.

Las procesiones del Jueves Santo rememoran la última cena, en la que Cristo se despide de sus discípulos, y su detención por parte de los soldados romanos en el monte de los olivos. Después de que Judas le haya delatado por 30 monedas de plata. La tropa romana intenta dar caza a los seguidores del profeta y Pedro, su mano derecha, niega hasta en tres ocasiones conocer a Cristo.

Delante de cada imagen que desfila en procesión, camina un religioso vestido con un hábito especial, que va balanceando un incensario metálico de izquierda a derecha. Se dice que el incienso transforma lo negativo en positivo, ahuyenta los malos espíritus y abre un camino seguro para el paso de la imagen sagrada.

En algunos hogares, se quema ese mismo incienso cofrade en un ritual que tiene lugar entre las 12:00 y las 18:00 del Jueves Santo y del Viernes Santo, y que se piensa que purifica y limpia las casas.

Cada cofradía tiene un incienso propio con un olor característico. Quemar ese incienso en una casa refleja como los habitantes están involucrados en la celebración de estas fechas y manifiesta por su devoción por una imagen en concreto.

Así, por ejemplo, en Sevilla, tienen su propio incienso la Macarena, la Esperanza de Triana, el Cristo del Gran Poder y el incienso gitano, el del Cristo de los Gitanos. Ese incienso se comercializa en polvo, igual que el que se utiliza en las procesiones, o en barritas, que tienen una duración de 60 minutos cada una.

 Cómo se hace el incienso de Semana Santa.

Nos dicen los vendedores de El Palacio del Incienso, una tienda online de artículos espirituales, que el incienso cofrade, o de semana santa, tiene unas características especiales. Es suave, elegante y deja un efecto prolongado.

El incienso cofrade es un producto artesanal, 100% natural, sin alcohol y sin productos químicos.

Está elaborado por talleres artesanales que llevan varias generaciones dedicándose a su producción. Su base proviene de una resina natural de los árboles que se deja secar y después se muele en polvo. Al polvo base se le añade romero, clavo, pétalos de rosa, alhucema, jazmín o azahar y se machaca todo en un mortero hasta crear una mezcla uniforme.

Son esencias personalizadas, y cada cofradía encarga un aroma concreto que determina los ingredientes y la proporción de los mismos utilizada en su elaboración. Aunque el artesano guarda celosamente la receta, debe comprobar que la mezcla es la adecuada, cogiendo una muestra y prendiéndola en su propio incensario.

Ser un artesano de incienso viene a ser algo parecido a ser un diseñador de perfumes. Debe controlar los ingredientes y saber distinguir los aromas. La gran mayoría de estos fabricantes son pequeños talleres familiares que van transmitiendo sus conocimientos de padres a hijos. Manteniendo, en lo fundamental, las mismas técnicas de antaño.

En la actualidad, además de vender su producción a las cofradías, algunos artesanos comercializan sus productos de cara al público, siempre con el beneplácito de la hermandad que se lo encargó en un principio. Encontramos esos aromas en tiendas de productos religiosos, de artículos espirituales o por internet, presentados en diferentes formatos. De esta forma, alguien que vive en Bilbao puede disfrutar en su casa del mismo aroma que impregna las procesiones de la semana santa sevillana.

En torno a la semana santa existe toda una industria artesanal, con oficios tradicionales, que van perviviendo a lo largo del tiempo. Así, encontramos a los industriales textiles que fabrican las telas con las que luego se confeccionan las túnicas de los nazarenos. Las bordadoras que elaboran los mantos y capas que lucen los pasos. Los fabricantes de velas y cirios, que alumbran las procesiones. Y los floristas, que preparan los ramos que adornan las imágenes y engalanan las calles.

Muchos de estos oficios tienen diferentes aplicaciones y salidas comerciales, pero es sin duda la semana santa, una de las épocas del año en las que más trabajo tienen y un evento que les asegura su subsistencia.

La semana santa es una tradición cultural, que sobrepasa el carácter de mera manifestación religiosa. Propicia la conservación de nuestras tradiciones. Algunas de ellas en forma de oficio.

Es interesante descubrir que el incienso no es una moda traída de tierras lejanas. Está presente en nuestra cultura, desde tiempos inmemoriales, formando parte de tradiciones tan nuestras como la semana santa.

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