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El blog de Sixto

La intolerancia a la lactosa

La intolerancia a la lactosa

Se calcula que un alto porcentaje de la población española, y mundial, es intolerante a la lactosa pero lo desconoce, por lo que tiene problemas digestivos más o menos graves y no soluciona el problema debido a la falta de información. Hay quien cree que el tema de las intolerancias es nuevo, y piensan que incluso puede ser una especie de bulo, pero la realidad es que las intolerancias explican muchísimos problemas digestivos que hace años no tenían diagnóstico, por eso es tan importante escuchar a nuestro estómago.
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Se calcula que un alto porcentaje de la población española, y mundial, es intolerante a la lactosa pero lo desconoce, por lo que tiene problemas digestivos más o menos graves y no soluciona el problema debido a la falta de información. Hay quien cree que el tema de las intolerancias es nuevo, y piensan que incluso puede ser una especie de bulo, pero la realidad es que las intolerancias explican muchísimos problemas digestivos que hace años no tenían diagnóstico, por eso es tan importante escuchar a nuestro estómago.

De hecho, hay un dicho muy famoso ahora que dice algo así como  que “la salud empieza en nuestro estómago” o “la salud es lo que comemos” e incluso “dime lo que comes y te diré cómo se siente tu cuerpo”. Todos esos dichos, o refranes, son ciertos.

Hay muchísimos tipos de intolerancia. Se puede ser intolerante a la fructosa, a la lactosa, al gluten, etc. Hoy, nos vamos a centrar en la intolerancia a la lactosa, por ser la más común.

Diferencias con las alergias

Antes de nada debemos diferenciar muy bien lo que es una alergia de una intolerancia alimentaria.

  • La alergia se produce cuando el organismo entra en contacto con un alérgeno, es decir una sustancia que el organismo identifica como una amenaza y para defenderse de ella desencadena un proceso inflamatorio mediante la producción de anticuerpos IgE, causando desde rojeces, erupciones o lagrimeo hasta edemas, inflamación de labios y boca, problemas respiratorios o shock anafiláctico, una reacción alérgica grave que puede causar la muerte.
  • La intolerancia, sin embargo, se produce cuando el organismo no es capaz de procesar o digerir un compuesto de los alimentos, lo que puede causar problemas digestivos, como náuseas, vómitos, inflamación y dolor abdominal, retortijones y episodios de diarrea. Una intolerancia alimentaria también puede estar detrás de problemas dermatológicos, como acné; neurológicos, como dolor de cabeza o migraña, y endocrinos, impidiendo la pérdida o control del peso. Aunque la intolerancia puede ser molesta y tener un impacto negativo en la calidad de vida, no es tan peligrosa o grave como una alergia.

Síntomas de una intolerancia:

  • hinchazón o distensión abdominal
  • diarrea
  • gases
  • náuseas
  • dolor en el abdomen
  • «gruñidos» o ruidos estomacales
  • vómito

Los síntomas de una persona pueden ser leves o graves, según la cantidad de lactosa que haya consumido y la cantidad de lactosa que usualmente puede consumir sin tener síntomas.

Diagnóstico

El primera paso, por supuesto, es acudir a un especialista en nutrición o a un digestivo que, tras explicarle tus síntomas, pueda determinar si es necesario o no realizar un test de intolerancia.

Tal y como nos explican desde la Farmacia Ramón Ventura este test se realiza mediante una prueba analítica que permite detectas posibles intolerancias a alimentos comunes de nuestra dieta. Se hecho, según los expertos de esta farmacia, entre un 30% y un 40% de la población padece algún tipo de intolerancia alimentaria. Si en España rondamos los 45 millones de personas, hablamos de unos 20 millones de personas con este problema. Muchísimo ¿verdad?

Una vez eres diagnosticado como intolerante a un alimento, la lactosa en este caso, tu tratamiento es sencillo: retirar la lactosa de tu dieta. Ante esto, sobre todo al principio, muchos se sienten colapsados. Desconocen lo que pueden comer o lo que no porque a veces hay que analizar muy bien las etiquetas de los productos para saber si contienen o no lactosa entre sus ingredientes.

Obviamente con la leche es fácil, no puedes tomar leche tradicional, pero sí puedes tomar leche sin lactosa, leche de almendras, leche de coco o leche de soja por ejemplo. Sin embargo, con otros productos es más complicado ya que llevan entre sus ingredientes algún alimento que contiene lactosa pero no es fácil de diferenciar.

Por regla general, casi toda la bollería lleva lactosa, por ejemplo, y es complejo poder comer algo similar sin saltarte la dieta sin lactosa. No obstante, hasta los productos más típicos y dulces que llevan lactosa pueden encontrarse ahora tratados para que todos podamos tomarlos. Pensad, por ejemplo, en la leche condensada, ¿cómo no va llevar lactosa la leche condensada? Pues a día de hoy hay marcas que la comercializan con toda seguridad, Milvalles es una de las pioneras y en su blog podemos encontrar muchísimas recetas interesantes con su producto, ideales para golosos intolerantes y para niños con este problema.

Factores de riesgo:

  • Edad avanzada. La intolerancia a la lactosa suele aparecer en la edad adulta. Esta afección es poco frecuente en bebés y en niños pequeños.
  • Origen étnico. La intolerancia a la lactosa es más frecuente en personas de origen africano, asiático, hispano o nativo americano.
  • Nacimiento prematuro. Los bebés prematuros pueden tener niveles reducidos de lactasa debido a que el intestino delgado no genera células productoras de lactasa hasta fines del tercer trimestre.
  • Enfermedades que afectan el intestino delgado. Algunos de los problemas del intestino delgado que pueden provocar intolerancia a la lactosa son el crecimiento bacteriano excesivo, la enfermedad celíaca y la enfermedad de Crohn.
  • Ciertos tratamientos oncológicos. Si has recibido radioterapia contra el cáncer de estómago o presentas complicaciones intestinales a partir de la quimioterapia, tienes mayor riesgo de presentar intolerancia a la lactosa.

Los alimentos con lactosa que debes evitar fácilmente reconocibles son, obviamente, la leche, el yogur, el queso, pero hay otros que no lo son tanto, por ejemplo:

  1. Pan de molde: casi todos llevan leche, así que hay que fijarse mucho en sus ingredientes.
  2. Sopas preparadas, purés y salsas: es fácil que lleven lactosa entre sus ingredientes porque potencian su sabor, del mismo modo que en la mayonesa.
  3. Hamburguesas, salchichas y carnes procesadas: la lactosa se emplea en estos alimentos para enmascaras sabores desagradables producidos por sales emulsionantes, fosfatos y otros compuestos amargo.
  4. Embutidos: se suele usar la lactosa como ayuda en el proceso de fermentación.
  5. Condimentos: los fabricantes añaden lactosa para evitar el apelmazamiento.
  6. Barritas energéticas: se emplea como edulcorante.
  7. Bebidas alcohólicas: llevan lactosa algunas bebidas como el vino o la cerveza para hacer la bebida más dulce y darle más cuerpo.
  8. Dulces, caramelos y bollería industrial: suelen llevar leche o mantequilla.
  9. Pasta de dientes y pintalabios: llevan lactosa en sus componentes aunque en cantidades muy pequeñas y además no se ingiere, pero es interesante ser consciente de ello.

La microbiota

No obstante, si notamos que tenemos algún síntoma que pueda alertarnos sobre la posibilidad de ser intolerantes a un alimento, no está de más que nos hagamos un test de la microbiota, ya que este nos ayudará a determinar el diagnóstico final.

Tal y como explican en Feedbiota, este tipo de test nos ayuda a conocer si nuestro intestino está saludable, si hemos sufrido algún cambio por la dieta, nos ayuda a prevenir otros cambios que podrían dañarnos, y además nos ayuda a personalizar nuestra dieta basándonos en nuestra propia composición intestinal, lo que nos ayuda a tener un estado de salud óptimo presente y futuro.

La microbiota intestinal se analiza a partir de una muestra de heces, con técnicas espefícicas, que cuantifican las bacterias con mayor importancia de la flora, permitiendo valorar posibles alteraciones que pueden provocar inflamación, el estado de la mucosa, nuestro pH e incluso la protección inmunitaria de la que disponemos.

Si comemos de forma saludable, evitando los alimentos que puedan dañarnos e incluso adaptando nuestra dieta de forma que ingerimos aquellos nutrientes que nos ayudan a tener un funcionamiento óptimo del intestino, estaremos añadiendo calidad de vida a nuestros años futuros, e incluso es posible que alarguemos nuestra media de vida varios años. ¿Te apuntas?