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El blog de Sixto

Locura desatada en los regalos para profes

Locura desatada en los regalos para profes

Yo no es que tenga demasiados recuerdos de cuando era muy pequeña pero sí los tengo a posteriori y jamás, y no me equivoco, vi a mi madre recogiendo dinero de otros padres para comprarle a mi profe del cole un regalo original, llamativo y cool. A lo sumo, cuando llegaba final de curso, algunos padres de forma individualizada le compraban un detalle a la profesora o al profesor que ha pasado todo el año con su hijo/a. A veces era una cesta de fruta, otras veces un libro y en ocasiones incluso alguna flor, pero poco más.
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Yo no es que tenga demasiados recuerdos de cuando era muy pequeña pero sí los tengo a posteriori y jamás, y no me equivoco, vi a mi madre recogiendo dinero de otros padres para comprarle a mi profe del cole un regalo original, llamativo y cool. A lo sumo, cuando llegaba final de curso, algunos padres de forma individualizada le compraban un detalle a la profesora o al profesor que ha pasado todo el año con su hijo/a. A veces era una cesta de fruta, otras veces un libro y en ocasiones incluso alguna flor, pero poco más.

Además, quienes hacían esos regalos solían ser padres que habían tenido un contacto especial con el profesor, bien porque este se había volcado en las dificultades estudiantiles de su hijo para poder ayudarlo o bien porque le niño, o la niña, le había cogido especial cariño al profe.

Ahora, sin embargo, todo ha evolucionado, o digievolucionado como diría de forma coloquial en la calle, y es que a mi entender, cuando algo evoluciona (para bien o para mal) lo hace en base a los cambios de la sociedad, en base a un contexto o incluso para adaptarse a los nuevos tiempos, pero este no es el caso y por eso pienso que el concepto del regalo a los profes ha digievolucionado.

Esa palabra, como sabrán algunos, procede de unos dibujos animados japoneses, similares a los Pokemon, pero que tuvieron menos éxito, “Los Digimon”. Mis primos pequeños solían ver esos dibujos y a mí me hacía mucha gracia esa palabra por lo que se quedó anclada en mi memoria esperando el momento perfecto para salir a la luz, y ha llegado. Para mí, desde hace algunos años, la digievolución es cuando una costumbre, un objeto, una moda o cualquier otra cosa evoluciona solo por y para engrandecer el pijerío y el ego de una persona. Por ejemplo, las carcasas de móviles nacieron con el firme objetivo de proteger estos aparatos de caídas y golpes, evolucionaron hasta ser finas e incluso de silicona, lo que las hace manejables y eficientes, pero luego digievolucionaron para que quien las portara fuera más cool por lo que ahora tenemos toda una moda de carcasas: que si con cristales de Swarosky, que si con brilli brilli, que si especiales para apoyar el móvil en la mesa y poder ver nuestra serie favorita, etc.

Pues bien, lo de los regalos para profes han sufrido la misma transformación y han ido digievolucionando hasta términos insospechados llegando incluso a proponerse en grupos de padres en WhatsApp regalos de escapadas de fin de semana para que se relajen con su pareja.

Y digo yo… ¿es que el resto de mortales no nos estresamos durante todo el año en nuestros trabajos y no nos vendría bien esa escapada de relax? Lo digo, más que nada, porque a mí nadie me regala nada, por muy bien que haga mi trabajo.

Los profesores, sobre todo lo que se han sacado una plaza en el funcionariado público, cobran todos los meses por su labor como educacor, tienen sus pagas extra en Junio y en Diciembre, tienen sus vacaciones remuneradas y la suerte de poder disfrutar de todos los festivos y puentes del año, así como de la semana de Navidad, la semana de Semana Santa, etc.

También es verdad que eso que creen algunos padres de que luego tienen tres meses de vacaciones en verano es falso pues aunque los niños acaban las clases en Junio, los profes siguen acudiendo a diario al centro escolar hasta el día 31 de Julio, bien sea para organizar el curso siguiente, preparar actividades, preparar los exámenes de recuperación y, sobre todo, para hacer tareas administrativas que durante el curso resultan complicadas hacer. Pero aun así, ¿no tenemos los demás 1 mes de vacaciones a repartir durante todo el año? Pues ellos tienen más.

Hay quien dice que es que los pobres se llevan trabajo a casa. Pues bien, yo también, y como yo millones de personas que no pertenecen al sector de la educación así que, eso tampoco me vale.

Yo valoro el trabajo del docente como el que más. Igual que valoro el trabajo del mecánico, el del abogado y el del que limpia los suelos, porque todos hacen su labor, cobran por ello y reciben sus descansos y beneficios, que bien merecidos los tienen ¿o no? Entonces ¿por qué tengo que hacerle un regalo al profe de mi hijo/a como algo obligado que se instaurado a final de curso? No lo entiendo. Y matizo lo de “por obligación” porque me parece estupendo que cada cual le regale a quien quiera algo, bien porque le gusta su trabajo, bien por tener un detalle por lo bien que se ha portado o incluso porque se ha involucrado de más con un caso en concreto que necesitaba ayuda, pero jamás por normativa.

Mi experiencia

En la clase de mi hija que tiene ahora 4 años y este ha sido su primer curso en la escuela (curso de 3-4 años) han propuesto, como era de esperar, hacer un regalo a la profesora entre todos los niños del aula. Yo, como habéis visto, no soy muy dada a ello porque no entiendo, ni comparto, esta costumbre. Sin embargo, como conozco a algunas mamis y algunos papis y sé que son gente normal me animé pensando que sería algún detalle bonito en forma de recuerdo.

Cuando pidieron ideas en el famoso grupo de WhatsApp aporté mi granito de arena y le hablé de las pulseras personalizadas de Joyería Lorena. Se trata de unas pulseras, tipo pandora pero de marca blanca (las hacen ellos) inspiradas en oficios, en este caso el de profesora. Además, una de las cuentas que cuelga es una pequeña chapita en la que se pueden grabar los nombres de los niños de la clase por lo que me pareció un bonito recuerdo. Estas pulseras tienen un coste de unos 30 euros y como son unos 20 niños pues se trataba de poner un euro y medio cada uno así que pensé que sería un bonito detalle.

Pues cuál fue mi sorpresa cuando dijeron que eso era poco, que podríamos comprarle un cobre de esos de Wonderbox son alguna experiencia especial, como masajes o incluso noches de alojamiento para que se hiciera una escapada cuando acabase el curso. Otra madre propuso comprarle un bolso de Bimba & Lola, “porque son muy prácticos” dijo, y al final, por mayoría aplastante, se le ha comprado un reloj de Tous porque le gusta mucho esa marca según una madre que asegura que siempre lleva unos pendientes de la firma. Pero eso no es todo, porque en realidad se le ha comprado el reloj de Tous y unos pendientes muy monos (también de Tous). Cada niño tenía que poner 5 euros, es decir, que el regalo que le han hecho a la profesora ronda los 200 euros, y digo “que le han hecho” porque yo me negué en rotundo.

Si hago un regalo a una profesora al final del curso es porque quiero hacerle un detalle, un recuerdo del tiempo que ha pasado con mi hija y el resto de niños de su clase, no porque tenga que regalarle algo fantástico y genial que la chica vaya a agradecer enormemente. Si quiere unos pendientes de Tous que se los compre su pareja en su cumpleaños ¿no?

Total, que he estado investigando y por lo visto ahora lo de los regalos a los profes es así. Los padres de las clases luchan entre sí para ver quien copra el regalo más guay, fantástico y caro, y atrás han quedado los recuerdos en forma de detalle personal. Lo digo, han digievolucionado y yo no pienso participar en ello.

Y no soy la única que piensa así, de hecho el post de Maternitis que han escrito al respecto me encanta: “Si analizamos el motivo de los regalos, detrás de este movimiento está muchas veces la competitividad entre padres y madres. Se empieza mirando qué regala la clase de al lado y, para no ser menos guay, se acaba proponiendo invertir un dineral para regalar una semana en una casa rural a gastos pagados. Todo muy razonable.” Y la cosa no se queda ahí porque la chica, muy inteligentemente, añade: “Hemos convertido algo espontáneo y divertido en una rutina y en una obligación. Si el tutor de tu hija es un cielo y quieres tener (solo o con el resto de padres) un detalle con él… ¡perfecto! Pero, ¿qué pasa cuándo es un petardo y no se merece ni los buenos días? ah no, ahí también porque, claro, es final de curso Y TOCA HACER UN REGALO. Y no nos olvidemos de la Navidad, donde regalamos una cesta de productos que cuesta un riñón. A este paso haremos un regalo cada trimestre… porque a mí me da la impresión de que la Semana Santa la tenemos olvidada y podemos pensar en rellenar ese hueco con, qué sé yo, la entrada para un coche.”

Probablemente a partir de ahora seré la mala de la película porque después de ver lo que querían regalar y han regalado el primer curso de mi hija no quiero ni imaginar lo que comprarán el resto de años mientras yo seguiré diciendo: No, gracias, mi hija no participa en eso.